Llueve sobre mojado en París. No cae gota alguna, sino que luce radiante el sol y no hay el más mínimo rastro de agua, pero en la central se mastica la tensión antes, durante y después del choque que protagonizan en la apertura del torneo la número dos del mundo, Aryna Sabalenka, y la trigesimonovena, Marta Kostyuk. No sorprende la escena, la tensión es latente. Viene de lejos. Bielorrusia, Ucrania, la guerra. Antes de que comience el duelo, resuelto sin mayor complicación por la favorita, 6-3 y 6-2 (1h 11m), la segunda, Kostyuk, se niega a hacer el protocolario saludo habitual y entre peloteo y peloteo predomina la absoluta frialdad; luego, zanjado el último punto, ambas se retiran a sus respectivas sillas y desaparece también la felicitación final. No hay apretón de manos. Solo pitos, abucheos. La vencedora no entiende nada y mira a todos lados; al juez, a su banquillo, a la grada.

