Son las siete de la mañana, hiela en Calgary (Canadá) y Nil Llop ya ha desayunado y ya está preparado para el primer entrenamiento del día, pero antes tiene un hueco para hablar, y cuenta Nil Llop, 20 años y vida dura, vida de metalúrgico casi, todo el proceso minucioso que repite para afilar las cuchillas de sus patines, y mientras lo cuenta –”afilamos las dos caras. Usamos una piedra grande para sacar la rebaba, después suavizamos con otra piedra. Quitamos luego la rebaba con una piedra pequeña para que queden bien afilados los cantos, luego otra vez pasamos la fina, y, por último, una cerámica para que quede como un espejo la parte de arriba de la cuchilla, y, finalmente, la piedra pequeñita. Hay unas maneras de ver si agarra y si no. Y si no agarra, vuelves a empezar”, explica—es inevitable que la imaginación viaje hacia una cocina japonesa en la que un cocinero afila los cuchillos del sushi, y los deja tan afilados que corta, como en las películas, un pelo a lo largo “Y así es casi”, afirma Llop, velocista sobre hielo, 500 metros y 1.000 metros son sus distancias, esfuerzos de entre 34s y 1m 10s, que sobre las cuchillas acelera, esprinta y se desliza a más de 50 por hora en un óvalo de 400 metros. “La clave es que la cuchilla deslice y agarre a la vez. Si no puedes empujar, te caes, y más a las velocidades a las que vamos, y las curvas, sin peralte, son una tortura, casi como los 1.000m, y en la última vuelta, con el lactato por las nubes, no podemos ni erguirnos…”

