Cuando Niclas Füllkrug era un alevín le sucedieron dos cosas que marcarían su vida. Metió más de 160 goles con el Sportfreunde Ricklingen, el club de su barrio en Hannover, y le sustrajeron el incisivo lateral derecho para hacerle una ortodoncia que él luego se negó a completar porque detestaba el aparato. Los goles llamaron la atención del Werder Bremen, que le reclutó para la cantera. El hueco que dejó el diente acentuó el colmillo en su sonrisa y le valió el apodo por el que hoy le reconocen los hinchas y los compañeros: Lücke, Hueco en alemán.

