Quien compra un coche nuevo suele pensar en el consumo, en el equipamiento o en la etiqueta ambiental, pero cada vez pesa más otra variable que impacta de forma directa en el bolsillo tres años después de que el coche saliera del concesionario. Porque la capacidad de mantener su valor en el mercado de usados se ha convertido en un factor clave, y los últimos datos muestran que una tecnología concreta destaca con claridad sobre el resto.

