Pruebe usted a decirle a un amigo enamorado que su pareja no es lo que parece. Perderá la amistad. Las pasiones no admiten razones, tampoco en el fútbol, ese juego racional hasta que un equipo lo vuelve sentimental. A partir de ahí, los debates se hacen insoportables porque los llenamos de prejuicios. Y porque en el terreno de las pasiones, admitir una debilidad de nuestro equipo es como traicionar a la patria. Pero no es la patria, es solo fútbol, un juego, y conviene que nos relajemos y hagamos un esfuerzo para no engañar a la verdad.

