Nadie representa mejor la fiabilidad, la solidez, el gen ganador y el saber competir en el Real Madrid que <strong>Carlos Henrique Casemiro</strong>. Es normal deslumbrarse con los movimientos y el tino de <strong>Benzema</strong>, la verticalidad y la consiguiente sugestión que provoca <strong>Vinicius</strong>, las paradas salvadoras de <strong>Courtois</strong>, la precisión de <strong>Kroos</strong>, la jerarquía de <strong>Militao </strong>o la magia de <strong>Modric</strong>, pero Casemiro tiene todo el partido en la cabeza y lo desmenuza como nadie sobre la marcha y en cualquier situación. Ante el Eintracht, su actuación rozó lo impecable. Además de ser escudo, esta vez fue lanza, demostrando que cada vez su fútbol va sumando registros. Cada vez decodifica mejor los secretos del juego, porque le gusta analizar, sabe escoger los momentos para socorrer al compañero en una ayuda o para llegar al área rival, cada vez con más acierto y peligro, en el juego aéreo o con disparos lejanos.

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