El adagio que acompaña la carrera de Nacho, que siempre cumple, resulta tan preciso como engañoso. Porque sí, siempre cumple, pero la expresión encierra también a veces cierta condescendencia, como si cumplir en el Real Madrid fuera un trámite. En Cádiz cumplió hasta con el gol, el primero, el lance determinante de un partido que parecía indescifrable pese a la inspiración de Rodrygo y Benzema. Y luego cumplió con su hermano Álex, rival de amarillo, con quien se quedó charlando en las escaleras hacia los vestuarios.

