El angustioso paso del Madrid por Roma removió las hojas de la libreta de José Mourinho. En tiempos de dudas, incertidumbres y nerviosismo, con el clásico del Camp Nou a siete días vista y a seis puntos del Barcelona, el técnico se agarró ante el Sevilla a los futbolistas y al plan que le habían sacado del fango el miércoles en el Olímpico. Si la alineación de este domingo tiene continuidad, incluso en citas tan peliagudas como la del próximo domingo con los azulgranas, es una cuestión que queda definitivamente abierta, pero las decisiones del portugués resultaron de mucho calado y afectaron al sistema central del equipo. Lo que asomó en los dos últimos duelos, contra el Villarreal y la Roma, se confirmó ante el Sevilla. Un once que, a falta de más recorrido, ofreció más equilibrio y pegamento entre líneas.

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