Después de asomarse al precipicio en Roma, después de días de masticar dudas y nieblas, el Real Madrid encontró una noche de calma y felicidad en casa con un equipo guiado por el ingenio de Güler. De repente, descubrió algo que parecía evidente: el poder de dictar las normas usando la pelota, armándose a su alrededor para ir explotando el vértigo de Mbappé y Diomande. El equipo de Mourinho desarmó así a un Sevilla que venía cabalgando sobre la solidez y al que redujo hasta golearlo. Así empezó un tramo de ocho días que comenzaba con este partido de Liga después del sobresalto de Roma, con Vinicius sancionado, y antes de visitar al lanzado Barcelona el domingo en el Camp Nou. También puede haber paz en el Bernabéu. Aunque por rutas distintas a las que frecuentaban.

