Vive Eugene un verano que más bien parece una primavera. Mañanas y noches frescas, un cielo azul sin atisbo de nubes, refugios de sombra y naturaleza verde a tiro de piedra del campus donde duermen y compiten los deportistas. Los atletas lo agradecen. Tras los sofocones del Mundial de Doha y los Juegos de Tokio, los 25 grados con los que empieza a marchar la granadina María Pérez junto a otras 40 mujeres no parecen tan fieros. Daba la marchadora una de cal y una de arena antes de la prueba. “Estoy mejor que en Tokio”, advertía, “pero no somos robots, tiene que salir el día”, puntualizaba. Y no salió: la española fue descalificada en el kilómetro 14 tras perder sus opciones cuando llevaba solo siete kilómetros, obligada a parar dos minutos por recibir tres avisos de los jueces.

