Es difícil ponerle pegas a un equipo que acaba de ganar 4-1, pero si se tiene en cuenta que la victoria se labró sobre dos fallos infantiles en torno al primer cuarto de hora del puntal de la defensa rayista, Lejeune, y que desde le descanso hasta la salida de Güler, a falta de otro cuarto de hora para el final, el Rayo fue dueño del campo y el balón, la cosa se mira de otra manera.

