Lo cierto es que apenas transcurridas unas horas se entiende por qué a Diomande le ha ido tan bien en Leipzig. La ciudad alemana desprende tranquilidad, cercanía y naturalidad. Tal y como es el costamarfileño. Una persona afable y risueña que sigue siendo aquel niño que creció dando patadas a un balón en las calles de Abidjan. Un jugador que parece ajeno a ser la persona más buscada ahora mismo en el mundo del fútbol. MARCA ha podido vivir junto a él sus últimas 24 horas. Unas últimas 24 horas que parecen que pueden poner fin al culebrón del verano.

