Por primera vez en su carrera, con 31 años cumplidos, Manu Trigueros se ha encontrado con un entrenador decidido a explotar todo su potencial creativo. El hombre providencial es Quique Setién. A sus 64 años, el técnico ha alcanzado su pico de lucidez. Después de transitar por una serie de crisis que le llevaron a la frontera de la jubilación —desde conflictos en el Betis a catástrofes en el Barcelona pasando por los malos resultados que sufrió tras su llegada al banquillo del Villarreal—, el cántabro ha ido resolviendo los problemas que se le presentaban con una sencillez y una prudencia proverbiales. Lo dicen en el entorno del club, en donde aseguran que Setién trata a Trigueros con el cuidado que merece el arma secreta. Como si estuviera convencido de que este centrocampista con vocación de maestro es lo más parecido que hay en la plantilla a Santi Cazorla, patrón oro de los volantes que se pusieron la camiseta amarilla. El guía imprescindible para controlar la pelota y dominar al rival.

