<strong>Con la derrota contra Japón se abrió la caja de Pandora</strong>, pero resulta que cuando la pelotita no entró contra Marruecos -la máxima que marca todas las decisiones en el mundo del fútbol-,<strong> Luis Rubiales cayó en la cuenta de que España había cambiado hasta los colores de sus pantalones</strong>; detrás del Twitch de Luis Enrique, principal foco de interés en Qatar, no aparecían los patrocinadores de la Selección, o sea el principal sustento federativo; ya no gustaban las alineaciones, ni los cambios, ni el haber pospuesto hablar de su renovación hasta después del Mundial. Tampoco gustó la nula autocrítica en la sonrojante eliminación ante el meritorio combinado marroquí. Entonces, con la decisión ya tomada, pidió el informe de José Molina para sustentar el único final posible: no renovar el contrato de Luis Enrique y retomar el mando federativo en el capítulo deportivo.

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