En las lentejuelas de la Champions también se imponen los códigos callejeros y de patio de colegio. Así le dio la bienvenida el Madrid a Erling Haaland. El noruego, el último de la fila de su equipo en el túnel de vestuarios, giraba la cabeza en 360 grados para aliviar el vértigo del momento y saludaba a Vinicius antes de que, para el minuto dos del partido, ya hubiera recibido dos golpes por detrás para marcar territorio. Primero fue Alaba tras un balón largo de Ederson y, al instante, Rüdiger en el medio del campo. Dos cargas de presentación de los dos centrales blancos tan antiguas como el fútbol. El lenguaje de toda la vida, ya sea en el barrio como en la gran pasarela.

