Durante casi tres semanas Enric Mas ha construido su ventaja metro a metro, puerto a puerto, ataque a ataque. Ha sobrevivido al calor, a las trampas, a las jornadas interminables y a esa montaña en la que tantas veces había mirado de frente a Primož Roglič para terminar encontrándose con el esloveno delante. Esta vez ha sido diferente. Esta vez Mas ha mandado. Pero LaVuelta había guardado una última cuenta pendiente con él. Una carretera sin rueda que seguir, sin compañeros que puedan protegerle, sin montaña donde esconder las heridas. Este jueves sólo estarán Enric, su bicicleta y el reloj. Al otro lado, esperando cada segundo, estará Primož Roglič.

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