El mundo del fútbol se levantó dividido en dos facciones partisanas este miércoles. Aquellos que creen que Antonin Kinsky se destruyó a sí mismo regalándole un 3-0 al Atlético en 15 minutos, y aquellos que sostienen que la carrera del imberbe portero checo del Tottenham fue arrojada al vertedero por el responsable de cuidarla, su entrenador Igor Tudor.

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