
No hay constancia de que Pep Guardiola y José Mourinho hayan salido para comer juntos alguna vez, ni siquiera en Manchester, cuando eran vecinos, siempre separados por los dos clubes antagónicos de la ciudad a los que entrenaban: el City y el United. Igual que cuando el catalán dirigía al Barcelona y el portugués al Madrid y la distancia que mantenían era la misma que hay del Camp Nou al Bernabéu. La rivalidad llegó a ser tan enconada que partió el fútbol en dos bandos irreconciliables sin que los protagonistas hayan compartido nada más desde entonces que las condolencias por la muerte de uno de sus progenitores: Félix Mourinho y Dolors Sala. Nadie diría que mantuvieron una buena convivencia durante cuatro años en el Barça (1996-2000).

