Brasil ya está aquí. La selección de Carlo Ancelotti despejó las dudas que había dejado su estreno mundialista con una convincente victoria ante Haití (3-0), una noche de reencuentro entre la canarinha y su gente. Los goles devolvieron la sonrisa a un equipo que necesitaba una actuación convincente para volver a ilusionar a todo un país, aunque la lesión de Raphinha dejó una sombra de preocupación sobre una fiesta que parecía completa. Porque Brasil volvió a reconocerse en el campo: alegre, vertical y con ganas de bailar. Y, de paso, lanzó un mensaje al resto del Mundial. Los de Carlo han llegado para quedarse. Y para dar mucha guerra. Y también para bailar.

