Los mejores delanteros difícilmente se oxidan aunque les cambien y Lewandowski volvió a ser el artillero solemne y premiado en la gala del Balón de Oro el día en que Xavi dispuso un equipo más cabal y menos disperso que los ya vistos en el Camp Nou. El partido era tan delicado para el Barcelona que no admitía frivolidades sino que pedía sensatez y a ser posible efectividad porque la victoria era innegociable para detener la caída después de su desplome en la Champions. Los azulgrana se juntaron, se ayudaron y se ordenaron para destaparse en ocho minutos frenéticos culminados por Lewandowski. El polaco estuvo muy certero la noche en que Dembélé y Raphinha fueron suplentes y de salida actuaron Ferran y Ansu Fati.

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