Cada edición de la Vuelta Ciclista a España —van 80 en 90 años— pasa a la historia con los datos más importantes: el ganador, el número de etapas, los kilómetros recorridos, el lugar de inicio o el lugar de llegada. En la memoria de los aficionados, sin embargo, se incrustan momentos que les parecieron épicos —la victoria del suizo Tony Rominger en la cima del Naranco en 1993, por ejemplo— y otros que, por sencillos e inesperados, pasaron a formar parte de su educación sentimental —podría ser la sonrisa y el saludo en un perfecto castellano de Laurent Fignon a un niño en una meta de Leganés—.

