Desde que descorcharon el champán en la élite del motociclismo en 1966, las poderosas fábricas japonesas jamás habían sufrido tanto en MotoGP. Siete años después de su último título de constructores, cuando Marc Márquez todavía triunfaba a lo grande con Honda en 2019, esta temporada empatarán su peor racha en la categoría reina a final de curso. Un vistazo rápido a la tabla lo cuenta todo: la moto del italiano Luca Marini, piloto oficial de la fábrica del ala dorada, es la única que se cuela por los pelos entre los diez mejores de la clasificación general, a un mundo de las inalcanzables Aprilia y Ducati, que en el certamen de marcas les quitan más de 200 puntos a sus rivales orientales.

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