Las primeras veces de Osvaldo Soriano
Fuente: El País Original en elpais.com
El escritor argentino Osvaldo Soriano descubrió las miserias de la existencia en un partido de barrio, que es donde se descubren muchas de las cosas de la vida. Era una pachanga con todos los elementos: el amigo poco dotado para el fútbol al que, sin embargo, se le da fenomenalmente bien radiar los partidos, lo que lo convierte en imprescindible para elevar el nivel y la tensión del duelo; las polémicas sobre si una pelota fue o no “alta”, ese concepto tan laxo sobre el que se podría debatir horas y horas sin llegar a un acuerdo; una remontada tirando a épica, con los rivales de Honor y Patria fallando una ocasión tras otra; un padre —el de Soriano— ajeno al fútbol que se ofrece para arbitrar el partido. El escritor jugaba de nueve. Anotó su primer gol y, antes de subir al marcador, su padre le pidió que le jurara que no había controlado el balón con la mano. Lo juró. Y era verdad. Casi al final del partido, Soriano controló un balón en el área rival. Un defensa le birló el esférico con elegancia pero él gritó como si le hubiera pegado una patada. El árbitro señaló penalti. Lanzó la pena máxima con “deleite perverso”. Sabía que era injusto y sintió, de alguna forma, que se adentraba en una nueva dimensión de la existencia.