Acabo de leer con tristeza las declaraciones de Alexander Zverev tras su sorprendente derrota en la primera ronda de Wimbledon. “A veces me siento muy solo y estoy sufriendo mentalmente, intentando encontrar el camino para salir del agujero. En general, me siento solo en la vida. Muy, muy, muy solo”. Aun sabiendo que estas palabras son producto de un estado emocional negativo y temporal, fruto de unos últimos resultados no acordes con su nivel o sus expectativas, demuestran fehacientemente las tensiones que viven los deportistas independientemente de su categoría o del número que ostentan en el ranking mundial. Sin que ello no signifique que el jugador alemán no valora sus propios logros y su suerte en la vida, está pagando con algo de infelicidad el hecho de que no conseguir los más altos logros a los que puede aspirar.

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