En algunos mentideros periodísticos y deportivos se discutía estas semanas pasadas si el Real Madrid podría estar un poco más cerca este año del Barcelona. El club blanco se reforzó en verano con seis internacionales y sus planes pasan por dar también más carrete a cinco canteranas que hace solo ocho días se encumbraron como campeonas del mundo sub-20 con España en la ciudad polaca de Lodz. Que la adaptación al Real de Felicia Schröder, la delantera sueca de 19 años a la que quería fichar media Europa, fuera tan rápida y prolífica y que el Barça perdiera en verano a piezas tan relevantes en los éxitos de la última década como Alexia Putellas, Mapi León, Ona Batlle o Salma Paralluelo no hicieron otra cosa sino alimentar el debate sobre las posibilidades del grupo de Pau Quesada, que no pudo siquiera dar un arañazo al equipo que ejerce un dominio totalitario en las competiciones nacionales.

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