Esta es una columna sobre la tiranía perfección que, irónicamente, he reescrito unas treinta veces. El otro día debatía con mis amigos sobre si pintar tan bien como alguno de los artistas de una exposición que estábamos viendo era alcanzable con mucha dedicación y trabajo. Personalmente creo que cualquiera, con suficiente esfuerzo, puede llegar a ser un buen pintor, un buen pianista, un buen escritor, un buen atleta, pero no estará ni siquiera cerca de ser uno muy bueno.

