La foto del cartel, colgado en medio de una calle decorada con decenas de banderitas verdeamarelas de Brasil, se hizo famosa esta semana: “No es política, es la Copa”. Los vecinos en la ciudad de Belo Horizonte seguían una tradición arraigada, pero no querían pasar por fervientes seguidores del presidente Jair Bolsonaro, que se han apropiado de símbolos como la bandera y la camiseta de la selección de fútbol. En un clima de polarización extrema, el presidente de ultraderecha y el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva disputan el domingo la presidencia del país do futebol justo en la antesala del Mundial de Qatar. La política ha acabado por desgarrar también al deporte más popular, con jugadores y viejas glorias en esquinas enfrentadas. Dos ídolos del París Saint-Germain, Neymar y Raí, han sido los más notorios.

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