Hace escasamente un mes, la actualización del ranking del tenis masculino destapó un preocupante dato para el tenis español: solo cinco jugadores nacionales figuraban entre los 100 mejores del circuito. Una circunstancia que obligaba a retroceder hasta agosto de 1989, cuando la cifra de representantes era igual, con Emilio Sánchez Vicario (15º), Sergi Bruguera (27º), Jordi Arrese (39º), Javier Sánchez Vicario (48º) y Tomás Carbonell (88º) situados en el primer peldaño de la pirámide de la ATP. La revisión más reciente, el pasado lunes, ha incorporado a un sexto embajador, Pedro Martínez, pero la sintomatología advertida desde hace tiempo empieza a hacerse más y más palpable en la actualidad. España va perdiendo fuelle en la primera línea y la Real Federación Española de Tenis (RFET) trabaja a destajo para recuperar músculo y garantizar un futuro próspero.

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FRANCIA, AYER Y HOY

Al repunte de Estados Unidos le acompaña la elogiable regularidad de Francia, uno de los países que mejor trabajan la base y que mantiene el vigor de la última década. Si en 2016 contaba con 10 tenistas entre los 100 mejores, hoy día conserva la cifra y propone continuidad con jóvenes como Fils (19), Cazaux (21) o Van Assche (19).

Otra de las naciones más poderosas, Australia, se mueve en parámetros similares (5/7), mientras que Gran Bretaña (1/4) no termina de encontrar correspondencia a su tradición. Crece de manera significativa, en cambio, Italia, que además de juventud gana peso (5-7) con los Sinner (22), Musetti (22), Arnaldi (23), Cobolli (21), Dardieri (22) o Nardi (20).

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