La reconciliación de Marco Asensio con el Bernabéu no comenzó con su gol al Leipzig el miércoles, sino unos veinte minutos antes, cuando se tiró a la hierba a robar un balón cerca del área de Courtois. De ahí nació una contra de Valverde, un disparo de Vinicius y una vaselina del propio Asensio. Se fue alta, pero el robo ya había hecho el trabajo: salva de aplausos poco después de la pitada general cuando entró al campo en el 64.

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