Pocos minutos han pasado desde que la favorita del Mundial, la selección de Brasil, ha caído descalificada en los penaltis frente a Croacia este viernes. En una calle paralela a una de las grandes avenidas de São Paulo, donde casi no circulaban coches desde que empezó el partido, se oye a lo lejos un llanto inconsolable. Es un crío vestido con la camiseta de la Canarinha al que le asoman lagrimones mientras su padre lo agarra de la mano. El progenitor, que se protege del sol con un paraguas, explica: “Está cansado, dice que no puede caminar. Y sí, un poquito frustrado con Brasil”. Quizá era la primera gran decepción de su corta vida. En un bar cercano, el instante en que Marquinhos ha fallado el disparo y la selección ha quedado descalificada se ha vivido de manera menos dramática. O la procesión iba por dentro.

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