El Barcelona pescó a Pablo Páez Gavira, Gavi, para la Masia en 2015. Sin embargo, como sobre el club azulgrana todavía pesaba la sanción de la FIFA —no podía inscribir futbolistas por incumplir el reglamento y el estatuto de transferencia de jugadores menores de edad—, el fútbol de Gavi quedó en cautiverio. “Pero en los entrenamientos ya veíamos el potencial que tenía: una máquina competitiva. Siempre iba a tope”, recuerda un entrenador de la cantera del Barcelona. Unos meses más tarde, en 2016, se estrenó en el Torneo Solidario Fundación Vicente Ferrer en el derbi ante el Espanyol. “Con el balón a dos palmos del suelo, se tiró para rematar de cabeza sin pensar en las consecuencias”, explican las mismas fuentes. La acción terminó en gol del Alevín A del Barcelona. También acabó con Gavi en el Hospital de Vall d’Hebron con el tabique roto después de que el defensa blanquiazul intentara, sin éxito, rechazar el cuero. “Compite como una animal. Hoy juega en el primer equipo con la misma intensidad y fuerza con la que lo hacía cuando llegó al fútbol base. No cambia. Es su manera de entender el juego”, rematan desde la Ciudad Deportiva Joan Gamper. Una manera de entender el fútbol que celebran en el Barcelona y también en la selección española. Pero poco más.

