La confianza de un jugador se demuestra casi tanto por lo que se intenta como por lo que se hace. Contra el Leganés, Kylian Mbappé, que tocó fondo en diciembre tras fallar un penalti en Bilbao, decidió que el mejor método para lanzar la pena máxima del 1-0 era a lo panenka, y una hora más tarde cerró la remontada del Madrid con una falta ejecutada al palo corto de Dmitrovic (y con la colaboración de la barrera). No se le recuerda en sus meses de blanco al francés tirando un libre indirecto. Lo celebró yendo a buscar al banquillo a Luis Llopis, el entrenador de porteros.

