Richard Carapaz no sabe pasar de puntillas por una gran vuelta. Su forma de correr le obliga a buscar espacios donde otros esperan, a atacar cuando las piernas responden y a convertir cada oportunidad en una pelea nueva. Llegó al Tour de Francia con una victoria de etapa como gran objetivo y ya la tiene. Su triunfo en Orcières-Merlette, el segundo de su trayectoria en la ronda gala, le ha colocado además ante otros dos premios que no figuraban con la misma fuerza en el guion inicial: cerrar la carrera entre los diez primeros y volver a París con el maillot de la montaña.

