Cuando en el primer partido Batshuayi le marcó a Canadá y Bélgica por fin se adelantó, Kevin de Bruyne no se fue a celebrarlo. Se giró en dirección contraria y se dirigió a discutir con Roberto Martínez, el seleccionador, lo que veía que no funcionaba. Alderweireld se acercó un instante a abrazarlo y De Bruyne lo espantó con un gesto. Necesitaba hablar con el técnico. Le frustraba ver que no encontraban el modo de superar la presión en el centro de los canadienses, y el equipo no hacía lo que él creía necesario.

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