No hay ópera como la italiana (perdón, Mozart) ni carrera como el Giro (disculpa, Tour), que al final de su segundo acto derriba al esforzado campesino heroico Afonso Eulálio y viste clínicamente de rosa al príncipe Jonas Vingegaard. La trama está ya a la vista. El tercer acto, la tormentosa última semana plena de insidias, Dolomitas y el Friuli, emocionará o decepcionará según la inspiración del compositor, el alma de los contendientes o la firmeza del danés, alérgico al drama y a la exhibición. ¿Habrá revuelta la última semana como en casi todos los Giros de la última década o sumisión, como el año de Tadej Pogacar, tan superior?

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