Como un franciscano viejo, tan estoico, Jonas Vingegaard, calza sandalias de tiras en la fresca mañana de Orleans junto al Loira el día de descanso, pero abriga los pies con unos gruesos calcetines estampados con la graciosa cabeza de un señor con sombrero. Es la doble personalidad del ganador de los dos últimos Tours, la seriedad con la que afronta los temas graves; la ligereza, la sonrisa irónica, con la que piensa sobre lo intrascendente, el resto de la vida, que para él ahora es todo, o casi todo, después del accidente que sufrió el 4 de abril en la Itzulia. Incluido el Tour.

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