João Fonseca (Río de Janeiro, 18 años) camina de manera parsimoniosa por la zona VIP de la Caja Mágica de Madrid antes de tomar asiento para departir con cuatro medios españoles, entre ellos EL PAÍS. Lleva una raqueta en la mano y la sujeta en su regazo con fuerza, como si alguien fuera a arrebatársela. Tiene manos anchas y una planta considerable (1,88), aunque el rostro, redondeado, y la ausencia de definición en musculatura revelan que se trata de una potencial figura todavía en construcción. Desde el invierno, cuando se coronó invicto en la Copa de Maestros de las Promesas (Next Gen ATP Finals) como tarjeta de presentación definitiva, viene sonando con fuerza su nombre, aunque en realidad los expertos ya seguían de cerca sus pasos por su forma de romper la pelota. Es un tiro endemoniado.

