Había una vez un niño en Palma de Mallorca que<strong> lloraba con el fútbol</strong>, no quería jugar con el balón y se llevaba unos berrinches tremendos cada vez que su madre, Marga, le acompañaba a la escuela de balompié en la que jugaba -y disfrutaba- su hermano mayor Aitor. Ese chavalín se llamaba <strong>Izan Guevara </strong>y derramaba todas esas lágrimas porque tenía otra pasión: las motos. Hoy es <strong>campeón del mundo de Moto3</strong>, subirá a Moto2 en 2022 con el Aspar Team y ya es considerado como una de las grandes promesas del motociclismo mundial.

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