Cuando alguien como Peter O’Mahony desborda lágrimas es que algo muy importante está pasando. Segundos después, Joey Carbery patea al lateral y el pitido final desata al hercúleo delantero. Irlanda acaba de ganar unas series en Nueva Zelanda, un hito que nadie lograba desde 1994. “Esto es probablemente lo más difícil de hacer en el mundo del rugby”, resumía su seleccionador, el inglés Andy Farrell, tras un triunfo que eleva a sus pupilos al primer puesto del ranking mundial y sumerge a la superpotencia del oval en un mar de dudas a un año del Mundial.

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