Parece el comienzo de un chiste clásico de hace décadas, pero iban una vez un mallorquín, un menorquín y un canario, y la casualidad, unido al buen ojo de los que les ficharon, hizo que coincidiesen en tiempo y lugar en el Real Madrid (y en la selección) para formar un trío legendario por su talento, capacidad competitiva, compromiso y longevidad que ha dado como resultado una colosal hoja de servicios. Esta final, levantando al unísono otro título, ganado al valeroso UCAM, ha sido la última carga conjunta, el último servicio a la causa blanca, la última oportunidad de ver juntos en una cancha a tres jugadores irrepetibles, cada uno en su estilo.

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