Cuando empecé a entrenar en el Club Tenis Manacor hace más de treinta años y a ilusionarme con la idea de que alguien entrenado por mí lograra llegar a ser un profesional de nuestro deporte, mi preocupación ya era intentar descubrir qué características debían reunir mis alumnos mejor dotados para alcanzar este propósito. Con ese fin, yo iba analizando el juego y las estrategias de los grandes tenistas para a posteriori poderlas aplicar. Me dediqué, entre otras cosas, a observar la velocidad media de intercambio durante sus peloteos.

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