Es una fuga, una deserción, una evasión. Dura unos minutos, pero es tan real y genuina como absorbente. Desaparecen todos los nubarrones mentales, las guerras del planeta, las preocupaciones de lo cotidiano, los graves problemas sociales, el cambio climático, la estupidez gregaria de las redes sociales… Y todo se simplifica hasta alcanzar una idea básica de felicidad. Todo parece tan leve y ligero como la nieve polvo sobre la que flotan sin esfuerzo las tablas de esquiar.

