El derechazo de Harry Kane en el minuto 86 estalló como una liberación bajo el techo de Atlanta. A Inglaterra le habían subido todas las fiebres después de un rato demasiado largo y angustioso ante la República Democrática de Congo, una selección mucho más que meritoria que, pese a la derrota en el último metro, se apuntó una actuación osada y un trecho de buen fútbol.

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