Los partidos de ‘repesca’ son angustiosos. A cara o cruz mantener vivo el sueño de jugar un mundial o irte a tu país con la condena de tener que ver la cita veraniega por televisión. Ucrania aterrizaba en Valencia con la ilusión intacta. Jugar como local a miles de kilómetros de tu casa por la maldita guerra no es plato de buen gusto. «Gracias España por vuestra hospitalidad», rezaba la U televisiva del estadio. Las gradas repletas de hinchas ucranianos dispuestos a dar aliento a su selección y una sensación de esperanza en las caras que se trasladaba de forma directa al césped.

