Los grandes eventos deportivos también pueden servir para que las sociedades avancen. Económica, social o políticamente. Unos Juegos Olímpicos o un Mundial de fútbol son acontecimientos que empiezan mucho antes de que arranquen las competiciones —organización, construcción de infraestructuras, adecuación de las sedes…— y que, de alguna forma, unen a las sociedades que los acogen en torno a la idea de un beneficio común y de una ilusión transitoria por ofrecer una buena imagen del país en cuestión. A veces, incluso, está en juego mucho más: la democracia o el inicio del fin del terrorismo.

