Andaba algo mohíno Mbappé. O eso parecía al menos. Después de un primer acto accidentado, en el segundo no acababa de aparecer. Pero, en éstas, agarró en la frontal una pelota de la que nadie conseguía adueñarse y enhebró el hilo en la aguja, léase encontró el único hueco que llevaba a la red superando antes el aparatoso cuerpo de Diop y sin que la estirada del omnipresente Bono pudiera evitarlo. Descorchada la botella por fin, fue cosa de pocos minutos que Dembélé hiciera el segundo, él también con la derecha, y de que Francia pudiera festejar.

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