Ferrari se ha convertido en El Pupas. Tras un ciclo que se hizo inacabable, en el que la tropa de Maranello se cansó de tragar cantidades industriales de quina, la Scuderia proyectó para este curso el coche más afilado de los últimos años y se autoproclamó candidato a pelear por la corona. Nada más superar el ecuador del campeonato, pensar en el título se ha convertido prácticamente en una entelequia, habida cuenta de los 63 puntos que separan a Max Verstappen, el líder de la tabla general, de Charles Leclerc, el piloto mejor colocado de entre los que visten de rojo. Lo más cruel de todo para el equipo no es la diferencia en sí, sino que la mayoría de esa desventaja se explica a partir de errores propios o averías, la principal debilidad del F1-75. En Paul Ricard, Leclerc volvió a sufrir un abandono mientras circulaba cómodamente al frente del pelotón, algo que ya le ocurrió en Montmeló y Bakú. Así es imposible plantearse el objetivo de ganar el campeonato, y menos cuando al otro lado están Red Bull y Max Verstappen.

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“A veces falla el motor; otras, el piloto”

Leclerc entonaba el ‘mea culpa’ nada más bajarse del coche en el circuito de Paul Ricard, donde dejaba claro que pensar en pelear por el título no es algo realista cuando uno comete errores como el suyo este domingo. Entre sus fallos y la fragilidad de su coche, el monegasco ha sumado solo 54 puntos en las últimas cinco pruebas. En esa misma ventana, Max Verstappen, su teórico rival directo, ha sido capaz de acumular el doble que él (108). “Charles cometió un error. A veces falla el motor; otras, el piloto”, declaró Mattia Binotto, director de Ferrari, al concluir el gran premio. “En una semana correremos en Hungría y tenemos una gran combinación [coche y piloto], como dejó claro Carlos”, zanjó el ejecutivo.  

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