Verano de 1996.<strong> Jordi Cruyff </strong>(Ámsterdam, 1974) debatía su futuro. Su padre, Johan, había sido cesado como entrenador del Barcelona al final de la temporada que acababa de finalizar. No era una decisión fácil. A Jordi le tiraba el Barça, pero sabía que si se quedaba las comparaciones con su padre iban a ser duras y ya no tenía su protección. «Yo era uno de tantos jugadores que llegan, disfrutan, se van y viene otro. De mi padre aún se sigue hablando.<strong> Era comparar a un mortal con un inmortal. </strong>Y quise evitar cualquier comparación», recuerda Jordi.

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