Vale, se lo confieso, ya hay confianza entre nosotros y les puedo decir que el pasado martes, allá por el minuto 85 del Portugal-España tenía decidido apagar la tele y olvidarme del partido, de la Nations League y de todas sus derivadas. Pensaba que este tipo de partidos, cerrados, espesos, densos a más no poder suelen ser típicos del inicio del Mundial y que la experiencia podría ser positiva, como aprendizaje, para la cita de Qatar. A eso había que sumarle, desde mi vertiente de portero, que algo me decía que el excelente partido de Unai Simón le iba a servir para llegar a la cita mundialista lleno de confianza, como si el Mundial empezara la semana que viene, como si no le quedaran situaciones complejas aún por resolver en sus partidos con el Athletic. Es esa vertiente de mi cerebro que sigue actuando como director deportivo y que sigue buscando, siempre, al menos un elemento positivo en medio de la mayor debacle.

