El pasado domingo Fahad era el niño más feliz de la tierra. Bueno, igual el segundo más feliz, o el tercero, vamos que Fahad sentía que la Copa del Mundo en su casa había valido la pena, que sus reticencias y enfados de la primera semana, cuando solo quería jugar y no mirar eran una exageración y que ha aprendido más del futbol en estas cuatro semanas que en todos los entrenamientos de todo el año.

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